sábado, 24 de abril de 2010

Relato de un mono


Para Jeka...


El personaje que está sentado sobre el Ulises de Joyce (el mejor libro escrito por un ser humano), data de los años 80. No lo recuerdo bien: Puede ser de 1986 o de 1987 o hasta 1988, qué sé yo?. Lo importante es que nació un 24 de diciembre y aún así se parece más a mí que a Jesús.

Cambiando de tema, es el recuerdo y el regalo más antiguo que conservo. Con él llegó un auto fantástico que alumbraba. Era una novedad en su tiempo. Por tal razón, el mico nunca encontró el lugar que le correspondía. Aún así, se resistió al olvido y me acompañó por el resto de años que fueron mi niñez.

Ya un recuerdo más moderno data de los años 90-91. Donde yo, en un cándido juego, le amarraba los brazos en la espalda y jugaba fútbol con peluches de mi tía menor y una pelotica loca. Tocaba amarrarle las manos, porque, como buen mono que se respete, tiene los brazos largos. Como dije, era algo muy cándido. Otra tía --porque fui levantado por tías, abuelas y Mamá y aún así me resistí a la homosexualidad-- me decía que yo le hacía trampa al pobre, pues afectaba su locomoción amarrándole las manos.

En fin, el mono otra vez se perdió de mi presencia, pero en su loco amor por mí, nunca huyó de casa.

Hace pocos días en un viaje a la casa de mi Mamá y ¡Oh sorpresa!: Lo encontré allí en una cama, con la misma mirada de siempre, la que a mí los años me han hecho cambiar. Pero él, siempre con sus ojos firmes, sus brazos largos, me dijo que seguía inmune al tiempo y que su amor aún esperaba por mí.
De inmediato lo tomé en sus manos, me llenó de sorpresas. ¿Cómo no pintas canas?. ¿Cómo no has sufrido ninguna enfermedad en este mundo moderno?. Yo apenas me sostengo en pie, pero él allí, sin mirar para otro lado. Porque yo siempre que lo miré de frente, él mantuvo sus ojos en los míos. Su mirada me intimidó.

Lo quité del poder de la sobrinita nieta de mi mamá. No era posible que una niña casi 21 años menor que él, lo arrastrara de un lado a otro. Trato inhumano con un mono ya hecho todo un ser mayor. Le dije que si me acompañaba le tocaba ser polizonte en un viaje aéreo. Las bajas temperaturas a 8 mil metros de altura no parecieron importarle. Sé amar como animal, susurró mientras lo guardaba en su maleta. No sé si la sobrinita nieta de mi Mamá lo busque. No me importa: Igual nunca fue de ella y siempre fue mío.

Ahora convive conmigo en este pequeño apartamento. Por cuestiones de edad y de conocimiento ocupa el segundo lugar de jerarquía en la casa. No hago gala de inteligencia alguna. Sólo que estamos en un mundo consumista y soy yo quien traigo el banano a la casa. Pero a él pareció no importarle. De forma inmediata posó sobre el Ulises --gala de su inteligencia-- y pidió una foto. Tenía intereses inmediatos por entrar en el mundo virtual. Yo cedí a sus órdenes: Amor más grande nunca encontraré.

Es un buen muchacho. Pasa todo el tiempo acostado en la cama o me ayuda con su brazo largo a servir de separador en algún libro.

Ayer o quizás un miércoles tomó el control de la música y puso una canción de un viejo álbum de Sabina y Fito y siguiendo la letra con gran afinidad susurró: Si aprendiéramos a amar como animales, si las catedrales se cansaran de ser ruinas del fracaso de Dios....

-Ese no es el problema- le dije. Frunció el ceño, por el disgusto que le ocasioné por interrumpir su canto que arrullaba. -El problema fue cuando todos dejamos de ser como tu-.

Hace varios días que no duermo y él, el mono que ahora ocupa un lugar importante, cuando siente que me alejo de él, no hace otra cosa que reírse.


"Mi animal ideal"

JUAN SEBASTIAN LOPEZ SALAZAR

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